No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, de Laura Norton

junio 24, 2014

DATOS:

Número de páginas: 351.
Año de publicación: 2014.
Editorial: Espasa.

SINOPSIS:

Si estás leyendo estas líneas es que te ha llamado la atención el título. ¿Te gustaría decírselo a alguien?¿Serías capaz de decírtelo a ti mismo? Y lo más importante: ¿te gustaría mantener durante un buen rato la sonrisa que se te ha quedado en la cara? Pues esta es tu novela. Te podríamos contar con más o menos gracia de qué va la cosa, para que te hicieras una idea: que si la protagonista, Sara, es muy maja, que si tiene un trabajo muy interesante (es plumista, ¿a que nunca lo habías oído?), que si es un pelín obsesiva y alérgica a los sobresaltos... Por supuesto, la vida se le complica y se encuentra con que su piso se convierte en una especie de camarote de los hermanos Marx cuando en la misma semana se meten a vivir con ella su padre deprimido, su hermana rebelde y su excéntrico prometido y, sobre todo, el novio al que lleva mucho tiempo sin ver... Pero mejor no te lo contamos porque te gustará leerlo. Lo único que necesitas saber es que, desde el título, te garantizamos unas cuantas horas de descacharrante diversión como hacía tiempo que no disfrutabas.

MI OPINIÓN:

Solo había leído un par de reseñas de este libro y la verdad es que lo ponían muy bien, de 5/5, y la sinopsis la verdad es que llama la atención. Eso sin contar el título, que a mí me hizo reír nada más verlo. Y eso es lo que hace este libro, te lo pasas bien leyéndolo porque tiene unas situaciones de lo más rocambolescas. En general me ha gustado, pero ha habido cosas que no me acababan de convencer y que me hacían poner los ojos en blanco o que eran demasiado para mí.

Sara es una chica de 30 años que decidió dar un giro a su vida y ser plumista, como su abuela. Vive en  el barrio de Malasaña (Madrid), en un pisito que antes era de su abuela y ahora es de su padre. No quiero contar mucho sobre la trama porque ya me comí un spoiler en una reseña antes de leerlo, aunque la verdad es que era bastante obvio xD. Del personaje de Sara tengo que decir que es el único que me ha parecido algo normal, no es perfecta y tiene sus errores, por eso precisamente me gusta, porque cualquiera se podría equivocar.

Los otros estaban demasiado estereotipados y algunos me han llegado a caer mal, aunque al final del libro lo intenten arreglar. Sara es la única a la que veía con un poco de cabeza. Su hermana Lu, por ejemplo, me parecía una niña malcriada, egoísta y egocéntrica como pocas. Al final, como digo, parece que se intenta arreglar, pero me ha sacado de quicio la mayor parte del tiempo así que ya no colaba. Sus padres parecen más niños que las propias hijas y no las apoyan en nada, ni intentan hablar con ellas para comprender por qué hacen ciertas cosas. Creo que son los personajes que menos me han gustado. Da la impresión de que solo piensan en ellos mismos y a los demás como si dicen que les han salido dos cabezas. Harían un comentario y volverían a hablar de ellos mismos.

Fuera de la familia de Sara, están los chicos: Roberto, Aarón y Eric. Los dos primeros la verdad es que me parecían bastante planos. Roberto además un poco mezquino y cobarde, y Aarón demasiado perfecto. En cambio Eric, aunque tampoco es que sea alguien espectacular, me ha sacado más de una sonrisa y ha sido de los que más me han gustado.

La trama me ha parecido algo lenta al principio para luego coger ritmo sobre la mitad del libro. Aun así, no lo soltaba y se lee bastante bien, además de que en varios momentos me he reído y he llegado a soltar alguna carcajada. Es lo que le da salero al libro, las situaciones en las que se mete la pobre Sara, que lo quiere hacer bien pero se termina liando de unas maneras... Eso sí, el desenlace me ha parecido rápido como pocos, en los últimos capítulos deprisa solucionando cosas. La verdad es que es así como suelen ser las comedias románticas, que básicamente es lo que es este libro.

En fin, la verdad es que es un libro que pega para verano, es ligero y para echarse unas buenas risas viene de perlas. No es muy profundo, pero tampoco hace falta: es perfecto para desconectar y pasar una buena tarde.

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